Por qué Charlie Watts era el corazón de los Stones

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Stones - Charlie Watts joven.
The Rolling Stones in concert Charlie Watts 2 Rupp Arena Lexington, Kentucky 12-11-81

Con la partida de Charlie Watts, The Rolling Stones pierden a su corazón y motor. ¿Seguirán adelante o habrá llegado el final del grupo más grande de rock & roll de todos los tiempos?

Por un momento todos esperamos que fuera una fake news. Otra burla idiota de algún bromista de las redes que quería ganar un minuto de fama. Pero no, esta vez fue cierto. Uno de los miembros fundamentales de The Rolling Stones falleció y el mundo entero se desgarró.

Las continuas resurrecciones de “sus majestades satánicas”

Es verdad, The Rolling Stones sufrieron pérdidas importantes casi desde sus inicios; la primera de ellas ocurrió en 1969 cuando Brian Jones fue despedido. El multiinstrumentista había sido una pieza fundamental en aquellos años fundacionales, sin embargo, el grupo salió adelante con un reemplazo de lujo: Mick Taylor. Incluso hay quienes dicen que esa fue la mejor etapa de The Rolling Stones.

La relación con Taylor llegó a su fin en 1975 y allí ingresó Ronnie Wood, quien se convertiría en el secuaz perfecto de Keith Richards. Diez años después, ocurrió otro cimbronazo que puso en jaque a “sus majestades satánicas”: La muerte de Ian “Stu” Stewart, miembro fundador a quien el manager Andrew Loog Oldham desplazó pero que permaneció junto a la banda como road manager y pianista.

En varias oportunidades Keef afirmó que The Rolling Stones era la banda de “Stu”. De hecho, en un capítulo de su autobiografía escribió: “Ian Stewart. I’m still working for him. To me The Rolling Stones is his band. Without his knowledge and organisation … we’d be nowhere” [Ian Stewart. Todavía trabajo para él. Para mí, The Rolling Stones son su banda. Sin su conocimiento y organización, no hubiéramos llegado a ningún lado].

Stones - Rolling Stones con Ian Stewart
Los Stones en sus inicios, junto a Ian Stewart.

Tras la muerte de Stewart el grupo terminó de fracturarse y cuando todo parecía indicar que la banda había llegado a su fin, Keith Richards y Mick Jagger limaron sus asperezas y regresaron con “Steel Wheels” en 1989, el disco que los catapultó a las grandes giras internacionales.

Bill Wyman, el bajista que casi siempre permanecía a un costado del escenario, sin hablar ni gesticular demasiado, fue el último en dar un portazo. En 1993, cansado de las giras le puso punto final a 31 años de carrera junto a los Stones. Nuevamente una crisis y las dudas rondaron a Jagger y compañía. ¿Podrían seguir adelante sin su histórico bajista? Las ganas estaban, y quien tomó el toro por las astas fue Charlie Watts, a quien le concedieron el honor de elegir a su compañero  para llevar adelante el ritmo del conjunto. El elegido fue Darryl Jones.

El problema ahora es que la historia ahora parece bien distinta a todas las anteriores.

El motor de The Rolling Stones

Cuando uno piensa en grandes bateristas del rock, generalmente los primeros nombres que vienen a la mente son John Bonham y Keith Moon, pero Watts sin dudas tiene su lugar en el panteón de los mejores.

Si Keith Richards es el alma de The Rolling Stones, Watts es el motor. Eso es lo que solían decir los expertos en el tema e incluso los propios miembros de la banda. Charlie sabía llevar el ritmo como pocos y era el baterista perfecto para los Stones. Quizás por su bagaje y pasión por el jazz que le daba un toque distinto, o por su ductilidad y precisión a la hora de golpear los parches.

No habrá otro igual que pueda mantener esa maquinaria como un reloj suizo, aceitada y afinada. Richards y Wood podían pifiar algunas notas, Jagger desafinar en algún estribillo, pero Watts nunca fallaba; con él los otros miembros estaban tranquilos porque nunca iba a haber un golpe de más ni de menos. El baterista se destacaba no solo por su talento, sino también por tocar con elegancia y sin estridencias.

Watts no necesitaba dos redoblantes, infinidad de platos y accesorios para mostrar su virtuosismo; lo suyo radicaba en tocar lo que las melodías requerían, en su medida exacta, con algún que otro fill para darle su toque personal a la canción.

Fue justamente con su ingreso que los Stones consiguieron su sonido definitivo, ese que los llevó a convertirse en la banda más grande de rock & roll.

Harto conocida es la historia de que un día le encajó un trompazo a Jagger cuando este lo llamó, pasado de copas, y le dijo que era su baterista. Pero más allá de ese episodio, era él quien solía llevar el pulso y marcar el camino, siempre con un bajo perfil y lejos de los escandalos.

Su swing y firmeza serán largamente recordados (y también extrañados). Más de una docena de bateristas de nuestro rock nacional le deben mucho al stone menos stone de todos y al que más aplausos se llevaba en cada show de la banda en Argentina.

Watts hacía varios años que venía amagando con el final de The Rolling Stones, principalmente en lo que respecta a los tours. En una entrevista dijo que si dejaban de girar, no le molestaba, pero lo que no quería era que el grupo se disolviera en malos términos.

¿Cuál es el futuro de The Rolling Stones?

El cuento de hadas de que The Rolling Stones son inmortales se terminó con la muerte de Watts. Ahora todos caímos en la cuenta de que son tan mortales como el resto de la humanidad. La pregunta es, ¿podrán Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood seguir adelante sin su guía? El que probablemente más esté sufriendo todo esto es Keef, quien ha dicho en inumerables oportunidades que Watts era el piloto a cargo de esta nave llamada The Rolling Stones.

Es cierto, el propio Watts se encargó de elegir a su reemplazante, Steve Jordan, pero todos creíamos que iba a ser algo momentaneo, ¿o quizás él ya sabía el desenlace fatal y se adelantó al mismo expresando sus deseos de que la piedras rodantes sigan girando? Hasta el momento, ningún miembro de la banda ni sus allegados se expresaron al respecto.

Charlie Watts se fue justo antes de que llegara el tan ansiado 60º aniversario y en plena grabación de un disco del cual solo escuchamos ‘Living in a Ghost Town’ el año pasado. No sabemos aún cuántos temas habían llegado a grabar y si Watts ya había registrado sus poderosos golpes.

Los más puristas dirán que el fin ha llegado; otros querrán que la máquina siga girando hasta que muera el último de ellos. Steve Jordan puede sentarse en la batería, pero jamás podrá reemplazar al elegante Charlie Watts. Lo único seguro es que el legado de aquel muchacho de Londrés que ya entró en el olimpo de las leyendas, seguirá eternamente.

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